
28 Abr POR MÁS JUSTICIA SOCIAL
Este 21 de abril se cumple un año del fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, y ¿qué mejor manera de homenajearlo que hablar de justicia social?
A lo largo de su carrera se mantuvo siempre del lado del pobre (del pobre en recursos económicos, pero también del pobre espiritual, del necesitado de cualquier tipo de recurso), y fue dolorosamente coherente, desde su inicio en la carrera eclesiástica hasta el fin de su vida ocupando nada menos que la silla de San Pedro. Esta nota, lejos de intentar ser un análisis sesudo de la doctrina Franciscana, es una invitación a recorrer su obra y su ejemplo, con el objetivo de que por sus ideas o por su ejemplo construyamos una patria más justa.
Francisco nos interpela como individuos y como pueblo a poner al pobre en el centro. Llevó a sus últimas consecuencias las ideas de caridad y fraternidad. Instó por el diálogo en todas las circunstancias. Nos legó una nueva doctrina de Justicia Social. En su carácter de líder global, sembró ideas para la convivencia social que deben nutrir cualquier intento político de representar a las periferias. En este sentido, nos obliga como comunidad jurídica a revisar todas nuestras bibliotecas en pos de una nueva idea de convivencia social.
“…Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad.”
En esta breve cita, extraída de una lectura obligatoria como es la encíclica Fratelli tutti, podemos encontrar una condensación de su voluntad: entrega y humildad para reflexionar, en pos de luchar contra las ideas que buscan eliminar al otro (en especial al pobre), para reaccionar con un nuevo ideal, y para poner ese ideal en marcha; además, salir de uno mismo para poder entablar el diálogo con quien piensa distinto.
Poner primero al último
Uno de los actos simbólicos de Francisco que más me conmueve fue el lavado de pies a doce presos en la cárcel de Civitavecchia. Porque, si la máxima autoridad de la iglesia católica, que tiene aproximadamente 1.400 millones de fieles en todo el mundo, se arrodilla y lava los pies de 12 presos ¿qué excusa tengo yo para no ayudar al otro? Aunque reconozco que la lectura puede hacerse al revés, y pensar ¿qué puedo hacer yo, que también estoy en la periferia? Frente a ese interrogante, Francisco estaba convencido que todos tenemos una tarea con la cual colaborar con el más pobre, y con la que podemos ayudar a hacer pueblo.
Y por las dudas, para cuando el miedo paraliza, también nos dejó cuatro principios para la convivencia social. En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium desarrolló cuatro ideas para alcanzar el bien común y la paz social. En ellos pone de manifiesto las tensiones propias de la tarea de hacer pueblo, y sin suprimir la tirantez, propone un órden para jerarquizarlos: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea, y el todo es superior a la parte.
Un Papa encargado de la realidad
En su misión de llevar las periferias al centro, Francisco se encargó de trabajar los problemas de todos los rincones. La amplitud de su visión sólo se comprende cuando nos acercamos a su obra y comprobamos que prácticamente no dejó piedra sin dar vuelta. Su formación constante es un ejemplo para todos: desde sus comienzos en Buenos Aires, hasta el fin de su Papado, mantuvo sus convicciones y profundizó en los temas que más dificultan la vida de los pueblos.
Su doctrina abarca cuestiones filosóficas, políticas, sociales, económicas y ambientales, además de teológica. Su obra tiene algo de interés para cada lector. Su redacción, sencilla, estaba dispuesta para ser leída por todo el mundo. El diálogo intercultural e interreligioso fue un símbolo de su Papado, y su ejemplo resulta especialmente valioso a la luz del complejo contexto internacional.
Para la comunidad jurídica, sin duda alguna, dejó material para estudiar y pensar. Trabajó cuestiones filosóficas como justicia, equidad, misericordia, pero no se contentó con eso, sino que se empapó en los problemas de los juristas y aportó con su visión para ordenarlos y resolverlos.
Para finalizar, quisiera traer a discusión que nos advirtió sobre los daños y peligros del Lawfare, en noviembre de 2019, en su discurso en el Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Derecho Penal: “Periódicamente se verifica que se recurra a acusaciones falsas contra líderes políticos, concertadas con los medios de comunicación, los opositores y los órganos judiciales colonizados. De esta manera, con los instrumentos propios del lawfare, se instrumentaliza la lucha, siempre necesaria, contra la corrupción con el fin de combatir a los gobiernos no deseados, reducir los derechos sociales y promover un sentimiento de antipolítica del que se benefician aquellos que aspiran a ejercer un poder autoritario.”
El Lawfare es un problema global, aunque en el sur global tenemos recientes y sobrados casos para lamentar. Finalmente, invito a quien desee a leer la obra de Francisco, que en su enorme mayoría es de acceso público y gratuito, en la página web del Vaticano.
(1) Carta encíclica Fratelli tutti, del Santo Padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social.
(*)Abogado UBA.




